Sala del Consistorio, lunes 22 de junio de 2026
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!
Queridos miembros de la Fundación,
queridos familiares del Venerable Profesor Jérôme Lejeune,
queridos amigos:
Es una alegría conmemorar el centenario del nacimiento de Jérôme Lejeune con vosotros, miembros de la Fundación que lleva su nombre y que continúa su obra.
Conmovido por el sufrimiento de los niños con discapacidad, el Profesor Lejeune les consagró su vida de investigador científico. Su descubrimiento más célebre, el de la anomalía cromosómica responsable de la trisomía 21, lo convirtió en precursor de la genética moderna, reconocido en todo el mundo; así lo atestigua la larga lista de sus títulos honoríficos. Pero fue también médico por vocación y no dejó de trabajar para encontrar un tratamiento que aliviara el sufrimiento de sus pacientes, a quienes llamaba «los pobres entre los pobres». Defendió ardientemente la vida y la dignidad de los más frágiles, aun al precio de su carrera: «La medicina —le gustaba afirmar— es el odio a la enfermedad y el amor al enfermo».
Consciente de la excelencia académica del Profesor Lejeune y de su incansable entrega a la Iglesia, el Papa San Pablo VI lo nombró miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias. Posteriormente, como sabéis, su profunda amistad con San Juan Pablo II y su visión común en favor de la defensa de la vida estuvieron en el origen de la creación de la Academia Pontificia para la Vida, que el Profesor Lejeune veía como una institución necesaria ante la multiplicación de las amenazas contra la vida.
Hombre de ciencia y de sabiduría, Jérôme Lejeune comprendió rápidamente que su descubrimiento científico sería utilizado para erradicar a las personas con trisomía 21 antes de su nacimiento. No dudó entonces en convertirse en su abogado, denunciando la transgresión del juramento hipocrático y este nuevo eugenismo, que calificaba de «racismo cromosómico». Sus intervenciones proféticas lo llevaron a defender la vida de toda persona humana en referencia a la dignidad inviolable que tiene su origen en el acto creador de Dios. En este sentido, interpeló y aconsejó a instituciones y soberanos de todo el mundo. Esta lucha le valió ser maltratado en ciertos ámbitos científicos.
El Profesor Lejeune era consciente de que, si bien la técnica puede ayudar a la medicina, no puede, en cambio, sustituirla. Además, sabía que la técnica puede ser utilizada contra la medicina —que por naturaleza está al servicio de la vida—, como se comprueba cuando la técnica escapa a todo control ético indispensable y prevalecen los cálculos de eficacia, rentabilidad o utilidad. Ahora bien, el valor de la persona no depende de lo que realiza o produce. Por eso, ¡jamás un médico debería permitirse, sobre la base de algoritmos de laboratorio, decidir sobre la vida de tal embrión o de tal persona anciana! ¡Jamás la medicina podrá hacerse sierva de la muerte programada!
Queridos amigos, hoy la Fundación Lejeune, de la que sois miembros activos, continúa la obra iniciada por el Profesor Lejeune en las tres dimensiones de la investigación, el cuidado y la defensa incondicional de la persona humana. Me alegra el lugar que ocupáis a escala mundial en la investigación sobre las discapacidades intelectuales de origen genético. También habéis creado y sostenéis el Instituto Jérôme Lejeune, que recibe en consulta a miles de pacientes que sufren distintas discapacidades mentales.
Deseo expresaros mi aliento en vuestro compromiso en favor de la vida y de la dignidad humana, especialmente ante los poderes públicos. Sé que intervenís regularmente en los debates sociales con el fin de proteger a cada persona en todas las circunstancias de su existencia. Pero sé también que estáis atentos a desarrollar la cultura de la vida a través de la Cátedra Internacional de Bioética, que ofrece formación académica a los distintos actores en este ámbito: sanitarios, juristas y filósofos. Os agradezco esta formación que impartís a hombres y mujeres que, el día de mañana, podrán contribuir así a garantizar una ética médica al servicio de la dignidad humana y de la vida.
A vosotros, queridos amigos con trisomía 21 y a vuestros padres; a vosotros, hijos del Venerable Profesor Lejeune presentes esta mañana; a todos vosotros, miembros de las Fundaciones Jérôme Lejeune de España, Argentina y Estados Unidos; y, finalmente, a vosotros, miembros venidos de Portugal, Italia, Túnez, Costa de Marfil y Corea, deseo expresaros mi satisfacción ante la obra que, como laicos, continuáis en la caridad de la verdad, siguiendo los pasos del Venerable Jérôme Lejeune. Sed, como él, testigos comprometidos en la sociedad, al servicio de la búsqueda constante del bien común. Se trata del primer gran principio de la enseñanza social de la Iglesia y de la «forma social» de la dignidad reconocida a cada uno (Magnifica Humanitas , n. 59). El bien común no excluye a ninguno de los que han sido creados a imagen y semejanza de Dios.
El mensaje y la obra del Venerable Jérôme Lejeune se apoyan en la universalidad de la razón y del corazón unidos. Que pueda inspirar el coraje de la verdad a tantos jóvenes y profesionales deseosos de coherencia; que pueda ayudarles a unir, sin rigidez, la razón y la fe, la palabra y los actos, la ausencia de juicio sobre las personas y el rechazo de la mentira.
Os encomiendo a la intercesión de Nuestra Señora, pidiéndole que guíe vuestros pasos, sostenga vuestros esfuerzos y derrame su ternura sobre todas las personas frágiles. A todos vosotros aquí presentes, os imparto de corazón mi Bendición apostólica, que extiendo a todos los miembros de la Fundación, a sus familias y a los «queridos protegidos» de Jérôme Lejeune. Gracias.